La prostitución de la música en México

el

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Ocesa: la prostitución de la música
Juan Pablo Proal
3 de agosto de 2012
Análisis

“¡El dinero de los boletos era mi regalo de quince años y ahora ya no voy a tener, yo quiero más boletos, otra fecha!”: fan de Justin Bieber suplicando por un segundo concierto del cantante en Monterrey; los revendedores terminaron con todas las entradas.

En México los conciertos se parecen cada vez más a las salas de casino. Muchos melómanos acaban con sus ahorros, se endeudan y abandonan el trabajo con tal de asistir a una presentación en vivo. Del otro lado de la historia, el dueño de la casa de apuestas, en este caso Ocesa, nunca pierde: impone las tarifas que quiere y hace negocios al amparo del poder.

La música, tal vez el arte con más popularidad social, se ha degradado en una más de las estrellas de Televisa. En vez de ayudar a las personas a sensibilizarse y crecer humanamente, el actual modelo impulsa la histeria colectiva, la compulsión y la ansiedad.

“Perdí mi trabajo en DHL por estar al frente del club de fans de Alizée y con mi liquidación (30 mil pesos) pude ir a todos y cada uno de los conciertos que ha dado ella en México”: Guillermo Galicia, 30 años. Periódico Reforma, 8 de agosto de 2011.

No hay bolsillo que soporte la oferta musical de Ocesa. Cada mes hay decenas de conciertos para cada género. Tan sólo en materia de rock, este año ya vinieron Radiohead, Roger Waters, Paul McCartney, Bob Dylan, Metallica, Adrian Belew y están próximas las presentaciones de Yes, New Order, Neal Morse, Megadeth, Marillion, G3 y Rod Stewart.

“(…) Ni a Coss ni a su madre le importan los dos días de clase que perderá, si al final podrá ver a su ídolo” Reseña previa al concierto de Justin Bieber, El Universal, 11 de junio.

La mayoría de estos conciertos guarda la misma similitud. Los anuncian con meses de antelación y sólo hay una preventa para los clientes de Banamex que poseen tarjeta de crédito. Justo cuando se libera la posibilidad de compra, la página de Internet de Ticketmaster se satura. En tanto, las personas que pernoctan para hacer fila en taquilla, muchas veces se quedan sin boletos.

“Me fui de pinta, tuve que inventar algo para venir a comprar mis boletos, ya intenté por Ticketmaster, pero nada. Cuando me dijeron que iba a haber, me vine y pues aquí estoy”, Griselda Fernández, profesora de inglés de primaria desesperada por un boleto para Metallica. Periódico Reforma, 30 de marzo de 2012.

“A los 15 minutos de ponerse a la venta, los de seguridad de Ocesa anuncian que ya se acabaron los boletos. Lo curioso es que en línea seguían vendiéndose. Casualmente, ‘informan’ esto cuando los que se quedaron toda la noche no permitieron que se introdujeran a la fila el clan de los revendedores. Si hubiesen visto los rostros de seguridad de Ocesa y de los elementos de seguridad pública del gobierno del Distrito Federal, no hacían nada ante la insistencia de los revendedores de meterse a la brava. Desconocemos el por qué” testimonio de José Reyes Zúñiga sobre la reventa para el concierto de Paul McCartney. Publicado en el portal Infored.

Los boletos de muchos de estos conciertos no duran ni un par de horas, como si fueran indulgencias el día del juicio final. Con un tronar de dedos, Ocesa logra vender 50 mil boletos. Por ejemplo, las entradas para ver a Madonna, quien estará el 24 de noviembre próximo, se agotaron en dos horas el día de la preventa, en abril pasado; las primeras dos fechas para Metallica, en una hora con veinte minutos. Y no se trata de entradas baratas. Los boletos en primera fila para U2 en 2011 costaron 4 mil 900 pesos, mientras que los paquetes para escuchar a Paul McCartney al frente y presenciar la prueba de sonido llegaron a los 29 mil pesos.

Son precios absolutamente inaccesibles para la mayoría de los mexicanos, tomando como referencia que el 56.71 por ciento de la Población Económicamente Activa percibe un promedio de entre uno y tres salarios mínimos. En este modelo, la cultura es para quien pueda comprarla.

Mientras tanto, los artistas locales cada vez caen más en el abandono. Salvo los grupos catapultados por la industria musical, la mayoría se presenta en bares semivacíos, sin recibir remuneración alguna. Los foros independientes cada vez escasean más, y, por el contrario, periódicamente se abren nuevos espacios relacionados con el monopolio de los conciertos.

En un país donde, salvo la industria criminal, casi toda la producción económica va a la baja, el monopolio de los megaconciertos sólo ve bonanza. En 2011 Ocesa vendió 3 millones 397 mil 959 boletos, casi 50 por ciento más que en 2010 (Reforma, 27 de diciembre de 2011).

Tal vez alguien podría refutar que sí, los precios son desproporcionados y la reventa es una maldición, pero gracias a Ocesa en México hemos presenciado conciertos que antes eran completamente inaccesibles. No obstante, comprar un boleto en Ticketmaster es favorecer a los peores intereses políticos y económicos.

“Televisa tiene una importante participación en OCESA para la producción, promoción y operación de centros de entretenimiento, de eventos teatrales, culturales y conciertos musicales en México”: comunicado oficial de Grupo Televisa.

Además de ser socio de Televisa (empresa que pagó 107.2 millones de dólares por el 40 por ciento de Ocesa), Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE) también se benefició de los permisos para operar casas de apuesta entregados por Santiago Creel en 2005. Administradora Mexicana de Hipódromos, también perteneciente a CIE, opera 45 casas de juego en el país (Expansión, julio de 2012). La CIE, además, negoció la ampliación de su permiso para abrir 65 salas adicionales. Entre el 10 y 12.5 por ciento de los ingresos de CIE provienen de las 25 mil personas que a diario visitan sus centros de juego. Estos clientes llegan a gastar apostando hasta 250 pesos diarios en promedio.

CIE también opera el Hipódromo de las Américas, la Granja las Américas, Centro Banamex, Spots Book, Yak, Royal Yak, anuncios en aeropuertos, kioscos y puentes peatonales, salas de conciertos, teatros, competencias deportivas… Además, participó con Ricardo Henaine, empresario consentido del exgobernador de Puebla Mario Marín, en Valle Fantástico, un proyecto que prometía crear un gran centro de diversiones y que finalmente terminó en un fraude. A Henaine se le dieron 18 hectáreas en una zona de altísima plusvalía a cambio de pagar una ganga y la promesa de cuidar las áreas verdes, que jamás cumplió. Esta compañía también participó en la campaña de anuncios de cine del gobernador poblano Rafael Moreno Valle para promocionar su primer informe de labores, con un costo para el erario de 14 millones 27 mil pesos.

Ocesa lucra con el arte y las pasiones de los amantes de la música. La envuelve un ambiente oscuro. Los boletos se adquieren a precios carísimos, pagados generalmente mediante deudas de la población común, mientras que los revendedores operan en las narices de la policía y con extrañas coincidencias respecto a las políticas de venta de Ticketmaster. En el interior de los foros tampoco es raro que menores de edad consuman alcohol e ingieran drogas. Y, al final de cuentas, gran parte de este negocio millonario termina en las arcas de Televisa. ¿Quién iba a decir que ir a un concierto en México terminaría sirviendo a intereses tan turbios?

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